Un pueblo escondido en el centro de Alicante

Con menos de 1.000 habitantes censados, no hay otro lugar igual en la ciudad. Incluso el resto del casco antiguo se ha reciclado con el paso del tiempo, como nos atestigua la numerosa presencia de restaurantes y pubs. Pero el barrio de Santa Cruz resiste la contaminación de la modernidad. Aquí todavía podemos encontrar pequeñas casas blancas mediterráneas como en las que vivían nuestros abuelos, vecinos charlando alegremente sentados frente a sus puertas, jardines exteriores e incluso ropa colgada secándose en los tendederos de las calles. La clave de su encanto es su peculiar ubicación: detrás del casco antiguo y en una esquina del Benacantil. Difícil acceso. No es preciso pasar por Santa Cruz para ir de un punto a otro del centro urbano. Muchos turistas vienen a la playa y se van sin conocerlo. Incluso algunos residentes en Alicante ni siquiera saben de su existencia. Es un lugar aislado, aun estando en el mismo centro de la ciudad. Aroma a pueblo mediterráneo La mejor manera de comenzar una visita es por la calle San Rafael, partiendo desde la plaza del Carmen. Conforme se sube, el paseante empieza a olvidarse que se encuentra en el núcleo de una gran urbe, y el aroma a pueblo mediterráneo empieza a dominarle. Tres callecitas salen hacia la izquierda. Seguramente las más ´auténticas` del barrio. Deben recorrerse sin prisa, saboreando cada rincón, cada detalle, cada flor, cada vecino que interrumpe de cuando en cuando el inaudito silencio. Todos los alicantinos necesitamos un poco de Santa Cruz de vez en cuando Es un lugar para recorrer como turista, o al que llevar a aquellos amigos foráneos que visitan Alicante. Pero también al que acudir para desconectar. Todos los alicantinos necesitamos un poco de Santa Cruz de vez en cuando. La meta de la visita es la ermita que domina el barrio. Desde su mirador observamos con cierta superioridad a aquellos que siguen enfrascados en el estrés de la ciudad. Delante tenemos el mundo moderno, y detrás nuestro pequeño oasis. Unas calles cargadas de historia La primavera es sin duda la mejor época para visitar el barrio. Las plantas y las flores, cariñosamente cuidadas por sus vecinos, le dan aún mayor colorido y encanto a estas calles. Con la llegada del buen tiempo, resplandecen mucho más. No es casualidad que en estas fechas se celebren las dos tradiciones más conocidas de Santa Cruz, esos dos días en los que el barrio pierde su habitual calma y es invadido por una avalancha de visitantes. El Miércoles Santo y las Cruces de Mayo son sus grandes señas de identidad El primero es su famosa procesión de Santa Cruz, probablemente la más célebre de Alicante. Todos los Miércoles Santo el Cristo de la Fe ´el Gitano` baja por sus calles, ante la mirada de cientos de curiosos. Un emblema de nuestra Semana Santa. El otro destacado momento del calendario es la fiesta de las Cruces de Mayo. Aunque la costumbre de colocar grandes cruces de flores en las calles viene ya de numerosos siglos atrás; desde 1843 se organizan concursos en los que los vecinos compiten por lograr la cruz más bella y majestuosa. Estas enormes cruces son auténticas obras de artesanía que alegran, aún más si cabe, las calles del barrio. Este año el gran premio cayó en la calle Mutxamiel por una impactante cruz compuesta de rosas rojas. Detener el tiempo La historia de Alicante está directamente ligada a Santa Cruz. Algunos de los grandes alicantinos del siglo XX vieron sus primeras luces aquí. Los toreros Vicente Blau ‘el Tino’ o José María ‘Manzanares’ (padre), el artista Xavier Soler, el alcalde Agatángelo, etc. Escuchar conversaciones en valenciano es otro habitual de este barrio, probablemente más que en cualquier otro lugar de la ciudad que tiene a sus pies. Sin duda, otro añadido más al encanto del lugar. Como si cada mañana los vecinos pulsaran el botón que parece lograr detener el tiempo de manera casi mágica. Muchos pintores alicantinos no pudieron resistirse a este encanto. Emilio Valera o Gastón Castelló pintaron sus calles en algunas de sus obras más célebres. Parece que estas pinturas realmente consiguieron inmortalizar el barrio, ya que el resto del Alicante antiguo fue desapareciendo durante los años 60 y 70 con la llegada del turismo. Pero Santa Cruz resistió. Es nuestro tesoro en forma de barrio. Post Views: 1.155 Relacionado

El barrio de Santa Cruz sigue resistiendo al paso del tiempo y conserva su encanto de antaño

- Escrito el 27 mayo, 2017, 1:03 pm
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Con menos de 1.000 habitantes censados, no hay otro lugar igual en la ciudad. Incluso el resto del casco antiguo se ha reciclado con el paso del tiempo, como nos atestigua la numerosa presencia de restaurantes y pubs. Pero el barrio de Santa Cruz resiste la contaminación de la modernidad.

Aquí todavía podemos encontrar pequeñas casas blancas mediterráneas como en las que vivían nuestros abuelos, vecinos charlando alegremente sentados frente a sus puertas, jardines exteriores e incluso ropa colgada secándose en los tendederos de las calles.

La clave de su encanto es su peculiar ubicación: detrás del casco antiguo y en una esquina del Benacantil. Difícil acceso. No es preciso pasar por Santa Cruz para ir de un punto a otro del centro urbano. Muchos turistas vienen a la playa y se van sin conocerlo. Incluso algunos residentes en Alicante ni siquiera saben de su existencia. Es un lugar aislado, aun estando en el mismo centro de la ciudad.

Aroma a pueblo mediterráneo

La mejor manera de comenzar una visita es por la calle San Rafael, partiendo desde la plaza del Carmen. Conforme se sube, el paseante empieza a olvidarse que se encuentra en el núcleo de una gran urbe, y el aroma a pueblo mediterráneo empieza a dominarle.

Tres callecitas salen hacia la izquierda. Seguramente las más ´auténticas` del barrio. Deben recorrerse sin prisa, saboreando cada rincón, cada detalle, cada flor, cada vecino que interrumpe de cuando en cuando el inaudito silencio.

Todos los alicantinos necesitamos un poco de Santa Cruz de vez en cuando

Es un lugar para recorrer como turista, o al que llevar a aquellos amigos foráneos que visitan Alicante. Pero también al que acudir para desconectar. Todos los alicantinos necesitamos un poco de Santa Cruz de vez en cuando.

La meta de la visita es la ermita que domina el barrio. Desde su mirador observamos con cierta superioridad a aquellos que siguen enfrascados en el estrés de la ciudad. Delante tenemos el mundo moderno, y detrás nuestro pequeño oasis.

Unas calles cargadas de historia

La primavera es sin duda la mejor época para visitar el barrio. Las plantas y las flores, cariñosamente cuidadas por sus vecinos, le dan aún mayor colorido y encanto a estas calles. Con la llegada del buen tiempo, resplandecen mucho más.

No es casualidad que en estas fechas se celebren las dos tradiciones más conocidas de Santa Cruz, esos dos días en los que el barrio pierde su habitual calma y es invadido por una avalancha de visitantes.

El Miércoles Santo y las Cruces de Mayo son sus grandes señas de identidad

El primero es su famosa procesión de Santa Cruz, probablemente la más célebre de Alicante. Todos los Miércoles Santo el Cristo de la Fe ´el Gitano` baja por sus calles, ante la mirada de cientos de curiosos. Un emblema de nuestra Semana Santa.

El otro destacado momento del calendario es la fiesta de las Cruces de Mayo. Aunque la costumbre de colocar grandes cruces de flores en las calles viene ya de numerosos siglos atrás; desde 1843 se organizan concursos en los que los vecinos compiten por lograr la cruz más bella y majestuosa.

Estas enormes cruces son auténticas obras de artesanía que alegran, aún más si cabe, las calles del barrio. Este año el gran premio cayó en la calle Mutxamiel por una impactante cruz compuesta de rosas rojas.

Detener el tiempo

La historia de Alicante está directamente ligada a Santa Cruz. Algunos de los grandes alicantinos del siglo XX vieron sus primeras luces aquí. Los toreros Vicente Blau ‘el Tino’ o José María ‘Manzanares’ (padre), el artista Xavier Soler, el alcalde Agatángelo, etc.

Escuchar conversaciones en valenciano es otro habitual de este barrio, probablemente más que en cualquier otro lugar de la ciudad que tiene a sus pies. Sin duda, otro añadido más al encanto del lugar. Como si cada mañana los vecinos pulsaran el botón que parece lograr detener el tiempo de manera casi mágica.

Muchos pintores alicantinos no pudieron resistirse a este encanto. Emilio Valera o Gastón Castelló pintaron sus calles en algunas de sus obras más célebres. Parece que estas pinturas realmente consiguieron inmortalizar el barrio, ya que el resto del Alicante antiguo fue desapareciendo durante los años 60 y 70 con la llegada del turismo. Pero Santa Cruz resistió. Es nuestro tesoro en forma de barrio.