Las historias más dulces de Alicante

Recorremos los orígenes de tres de nuestras horchaterías más tradicionales: Azul, Peret y Espí

Recorremos los orígenes de tres de nuestras horchaterías más tradicionales: Azul, Peret y Espí

- Escrito el 01 agosto, 2017, 10:13 am
15 mins

Pocas cosas hay más típicas en Alicante que tomarse una buena horchata en verano. Dulce y refrescante, tanto los locales como foráneos no nos resistimos a esta bebida tan característica de estas tierras.

Para redondear un día de playa, merendar con un amigo, darse un respiro en el trabajo, coger fuerzas después de un paseo turístico por la ciudad, escapar del calor… Son incontables las excusas que podemos imaginar para acercarnos a una heladería o a un bar, y pedirnos un buen vaso del preciado líquido blanco.

La horchata alicantina es mucho más que un simple refresco dulce. Alrededor de ella se esconden multitud de historias y anécdotas que han marcado la vida de nuestra ciudad.

Para conocerlas, hemos hablado con algunas de las horchaterías-heladerías más ´de toda la vida` de Alicante.

Azul

Ubicada en la calle Calderón de la Barca, la Horchatería Azul lleva adulzando las gargantas alicantinas desde tiempos de la Guerra Civil. Fue en 1938 cuando Alejandrina Candela decidió montar el negocio, para dar de comer a sus 3 hijos.

Natural de Monnegre y casada con un alicantino, Alejandrina se acababa de quedar viuda. Como sus suegros se dedicaban a la fabricación de corchos y garrapiñeras (instrumentos para hacer líquidos y granizados) ya tenía cierta experiencia en la materia.

Precisamente aquel año se produjo el famoso bombardeo sobre el Mercado Central. Su hijo Manolo Sorribes aún recuerda ver caer las bombas desde la puerta del comercio. Aunque tuvieron suerte y ninguna explosión alcanzó el negocio, todavía en la pared exterior podemos ver dos pequeños socavones que dejaron un par de balas.

La Heladería Azul abrió sus puertas en plena Guerra Civil, aunque no la inscribieron oficialmente hasta 1942

Eran tiempos muy duros. Alejandrina tuvo que trabajar mucho para poder sacar adelante a su familia. En 1942 reúne algún dinero para poder inscribir formalmente su horchatería en el registro municipal. Por tanto, podemos considerar este momento como la fecha oficial de la apertura. Este año celebran su 75 aniversario.

El color de Alicante

Como nombre, Alejandrina eligió Azul ya que “es el color de Alicante”. El local ha experimentado varias reformas a lo largo de los años, pero los azulejos azules de la entrada aún permanecen desde el primer día.

Cuando su madre se jubiló, Manolo cogió el negocio. Durante más de 40 años lo regentó junto a su mujer María Tafalla. Hoy en día, con cerca de 90 primaveras a sus espaldas, el histórico horchatero es un auténtico pozo de anécdotas e historias.

Nos cuenta cuando consiguió hacerse en el Puerto con un cargamento de 67 sacos de azúcar moreno procedente de Cuba. Estaba tan bueno, que aquel verano la cola de clientes llegaba hasta la Plaza de Toros. También cuando decidieron ponerle granos de avellana a la horchata para darle otro sabor y distinguirse de la competencia.

Manolo trabajaba tanto ayudando a su madre que muchos días pasaba toda la noche en el negocio y dormía sobre los sacos de chufas.

Como siempre

Tanto esfuerzo dio sus frutos, y la horchatería prosperó hasta convertirse en una de las más inconfundibles de Alicante. Se repartían las tareas. Manolo solía trabajar detrás haciendo los líquidos y helados, mientras que su sociable esposa María atendía en la barra. Con el tiempo fueron contratando más empleados.

La pareja tuvo cuatro niños, y conforme éstos se iban haciendo mayores también se pasaban los veranos trabajando en el negocio familiar.

Actualmente son sus hijas Inmaculada y Mari Ángeles quienes llevan la horchatería. “Realmente no hemos cambiado mucho, en el fondo seguimos haciendo los productos con las mismas máquinas y cacharros que en la Posguerra. Lo único nuevo son las neveras y las máquinas para granizar” nos comentan.

Tres generaciones de horchateros. Muy orgullosos de su historia y la calidad de sus productos. Basta con permanecer unos minutos en el interior del local para darse cuenta del cariño que  la familia Sorribes Candela recibe de aquellos vecinos y clientes que desde siempre acuden diariamente, entre turistas, a tomarse un buen vaso de horchata o degustar alguno de sus helados.

Peret

Corría el año 1916 cuando un tal Vicente Richard quiso abrir un kiosco de flores al final de la Explanada (entonces denominada ‘Paseo de los Mártires’).

Pero apenas unos meses después, un vendedor de golosinas y frutos secos llamado Pedro Fuster Iborra le compró el kiosco. Era conocido popularmente en Alicante como ‘Pere, el Cacahuero’, y decidió cambiar las flores por la venta de horchata y refrescos.

El Peret empezó siendo un quiosco de flores, hasta que lo compró Pere ‘el Cacahuero’

Así nació uno de los lugares más emblemáticos de esta ciudad. A Pere le sucedió su propio hijo, también llamado Pedro Fuster y conocido como ‘Peret’.  A él y a su esposa Rosa les tocó lidiar con la época más dura del negocio: la Guerra Civil.

Durante la contienda el quiosco fue colectivizado por el Comité Municipal. Aunque oficialmente la familia perdió el control del negocio, en la práctica tuvieron que trabajar más que nunca para evitar la quiebra.

El propio Peret Fuster acabó siendo movilizado para ir a la guerra, al igual que su hijo. Por ello, en 1938 se vieron obligados a cerrar provisionalmente el quiosco.

Prosperando

Pasados estos años difíciles recuperaron la gestión de su comercio y lograron consolidarse en la vida de los alicantinos. Con el paso del tiempo ampliaron su oferta. Llegaron los granizados y los helados (al principio solo tenía de sabor mantecado). Más adelante también el café y los licores.

Hacia principios de los años 60, entra en escena el tercer Pedro Fuster. El hijo de Peret y Rosa amplió la gama de helados. Primero incorporó los sabores de chocolate, leche merengada y turrón. Luego subieron hasta las 24 variedades.

Durante esta etapa, Pedro Fuster compartía la gestión del quiosco con su hermano Jaime y su esposa Teresa. Los tres consiguieron que el negocio prosperara, e incluso abrieron un nuevo local en 1967 ubicado en la avenida de la Constitución (entonces denominada José Antonio Primo de Rivera) junto al Teatro Principal.

Ambigüedad en la titularidad

En los 90 el Peret entró en una cierta crisis. Hubo que cerrar el local de la avenida de la Constitución y la empresa familiar apuntaba a la quiebra. Para evitarlo, el cuarto Pedro Fuster compró todas las acciones al resto de familiares.

Durante esta etapa se llevó a cabo la construcción de un nuevo quiosco, ubicado en el mismo lugar de la Explanada. También se añadió una cubierta a la terraza.

Uno de los problemas históricos más recurrentes para la familia Fuster ha sido el tema de la concesión. Durante años había cierta ambigüedad acerca de quién era el titular de la zona. Tanto el Ayuntamiento como la Junta del Puerto les pedían abonar tasas de actividad comercial.

Para evitarse posibles conflictos legales, los Fuster pagaban todo el dinero solicitado a ambas instituciones, aún sabiendo de la irregularidad del asunto. Por fin en 2001 la situación se regularizó, y desde entonces solo se abona el canon al consistorio municipal.

Hasta 2025

La familia Fuster corrió serio peligro de perder el kiosco en 2015, ya que el contrato de explotación se terminó y el Ayuntamiento sacó a concurso el establecimiento. Finalmente hubo otras cuatro ofertas, pero nadie superó la propuesta de los descendientes de Pere ‘el cacahuetero’.

Por tanto, en 2016 el Peret cumplió su primer centenario. Su actual contrato incluye un canon anual de 60.000 euros y una duración mínima hasta 2025. Quedan horchatas y helados para rato en la Explanada.

Espí

Por último, no podemos olvidarnos de una mítica familia de heladeros y turroneros alicantinos, los Espí. Originarios de Jijona, allá a finales del siglo XIX Sebastián Espí abrió una fábrica de turrones en su localidad natal.

Sebastián y su esposa habían adoptado a una huérfana, llamada Carmen. Dicha mujer se casó con el sobrino de su padre adoptivo, llamado Eliseo. El matrimonio heredó el negocio.

Ambos tuvieron la idea de montar un puesto ambulante en Alicante, frente al Mercado Central. Pasaban mucho frío vendiendo turrón en aquellos inviernos, hasta que años después por fin consiguieron que el Ayuntamiento les instalara un kiosco.

Los Espí eran una familia jijonenca de turroneros. Para cubrir también los meses de verano, se lanzaron a vender helados y horchata

En 1918 se lanzaron también a la fabricación de helados y horchatas. Ocupaban el mismo lugar, durante los meses invernales continuaban vendiendo turrón y en el periodo estival el quiosco pasaba a ofrecer cremas y bebidas heladas.

´La flor de Levante`

La Guerra Civil paralizó su actividad. La familia Espí quedó separada por el conflicto, y una parte se quedó en Córdoba. De hecho, en dicha ciudad también tienen actualmente una cadena de heladerías llamada ´La flor de Levante`.

Los Espí alicantinos se fueron recuperando de la guerra, y en los años 40 adquieren un obrador en la calle Quintana para industrializar la empresa. Ya en la década de los 60 pudieron comprar su primer local, que aún permanece abierto en la Avenida de Alfonso el sabio.

Durante los siguientes decenios abrieron también heladerías en la Plaza Manila, Plaza de América, e incluso en Elche. Desde 1988 el Mercado Central permaneció cerrado durante cuatro años, debido a un problema de cañerías que causó un desprendimiento. En este tiempo, el kiosco de los Espí fue trasladado primero a la calle Capitán Segarra y luego a Calderón de la Barca.

Venta al por mayor

Hacia los años 2000 traspasaron todos estos locales y cerraron los quioscos del Mercado para dedicarse sobre todo a la venta al por mayor. No obstante, aún conservan su heladería-horchatería de Alfonso el sabio.

Son una familia orgullosa de su gran pasado, pero al tiempo “nos esforzamos por adaptarnos al futuro”, nos comenta Juan Espí. Por ello elaboran productos dietéticos, sin azúcar, sin lácteos, ecológicos, para veganos, etc.

Los hermanos Juan, Miguel Ángel y José María gestionan actualmente la empresa familiar. Es la cuarta generación de turroneros y la tercera de heladeros.

Tierra de horchata

Alicante es tierra de horchata, helados y granizados. Nuestro propicio y caluroso clima nos convierten en uno de los centros mundiales de estas industrias. Un negocio existente desde hace décadas, y que no tiene ningún viso de desaparecer.