Las fiestas que sobrevivieron a la transformación del Raval Roig

- Escrito el 09 septiembre, 2017, 11:01 am
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Se trata de uno de los barrios más antiguos de Alicante. Antes de la llegada del turismo o de la industrialización, nuestra ciudad vivía esencialmente de la pesca y la huerta. La mayoría de los pescadores residían en pequeñas casas bajitas, situadas en la falda del monte Benacantil y enfrente de la playa del Postiguet.

A las barriadas que se ubicaban fuera de la ciudad amurallada, se les solía conocer como ´arrabales` (en valenciano ´ravals`). El color de muchas de sus pequeñas viviendas era rojizo, más aún cuando el fuerte sol mediterráneo se reflejaba en ellas por la mañana. De ahí, que se quedara con el nombre de ´Raval Roig`.

En este lugar tenían un punto de reunión los caballeros templarios
Patronas

Este lugar esconde algunas viejas e interesantes historias. Por ejemplo, aquí los caballeros Templarios (una de las ordenes militares cristianas más poderosas de la Edad Media) tenían un lugar de reunión. Tras la disolución de dicha orden, los frailes Agustinos, hacia el siglo XVI, convirtieron aquella casa en una ermita. La denominaron Virgen del Socorro, que da nombre a la calle principal del barrio y siempre se ha considerado su patrona.

No obstante, comparte dicho puesto con la Virgen del Lluç. La razón es que en la susodicha ermita se veneraba una imagen procedente del Santuario del Lluç (ubicado en Mallorca). En definitiva, que el Raval Roig tiene dos patronas y por lo tanto tradicionalmente siempre ha tenido dos vírgenes a las que rogarle buena pesca.

Origen de las fiestas

Está documentado que al menos desde la década de 1840 se organizan fiestas en honor a sus patronas. Técnicamente, estamos hablando de los festejos más antiguos celebrados en el interior de la ciudad de Alicante (las Hogueras, por ejemplo, datan de 1928). No obstante, hay que decir que los de Villafranqueza son aún anteriores. Nada menos que del siglo XVII.

Ya desde sus inicios, el Raval Roig siempre celebró sus fiestas y rogativas a principios de septiembre. Por supuesto, uno de los eventos centrales es la procesión dedicada a la Virgen del Socorro.

Poalá y cucaña de mar

No obstante, las tradiciones religiosas se combinan perfectamente con otras bastante más gamberras. El sábado o el domingo por la tarde se celebra la ´poalá`, una auténtica guerra vecinal de cubos de agua. Las calles se llenan de festeros con la única intención de empaparse los unos a los otros. Por si fuera poco, los vecinos que prefieren salir ‘ilesos’ de la poalá no se privan de lanzar también cubos de agua desde sus balcones.

La ´poalá` es una auténtica guerra vecinal de cubos de agua

A pesar de no ser tan antigua como la poalá, igualmente curiosa es la tradición de la ´cucaña de mar`. Se trata de un concurso consistente en andar descalzo por encima de un tronco sujetado en posición horizontal y pringado de jabón para que resbale. Y lo más original es que se realiza dentro del propio mar, en la playa del Postiguet. Actualmente también hay una ´cucaña de tierra`.

Calles adornadas

Pero probablemente lo que hoy más caracteriza al Raval Roig durante estas fiestas es el arte de sus vecinos en cuanto a decorar las calles. Aunque se viene haciendo desde mucho tiempo atrás, el estilo ha evolucionado con el paso de los años. La temática marítima suele ser la más presente en estas decoraciones. Además, los adornos callejeros se combinan con un artístico alumbrado.

Como no podía ser de otra manera, todas estas actividades van acompañadas de la juerga propia de cualquier fiesta de la tierra. Hay música con dolçainas y tabalets, concurso de paellas, chocolatada, nanos y gigantes, juegos populares para niños, desfile de disfraces, verbenas, etc.

Todo ello, mientras se come el típico ´paquemao`. Un tipo de toña muy característica del Raval que no puede faltar en estas fiestas.

Transformación

Hoy en día poco queda ya del histórico barrio de pescadores que alguna vez fue el Raval Roig. Hacia los años 60 explotó el llamado ´boom turístico`. Su ubicación frente a la playa era muy golosa para los especuladores, y sus pequeñas e históricas viviendas empezaron a caer una tras otra para levantar edificios de apartamentos. De hecho, incluso la ermita medieval anteriormente mencionada fue derruida para construir un garaje.

Uno de tantos recuerdos del Alicante antiguo que se ha perdido para siempre. No obstante, la esencia de aquel barrio de pescadores aún persiste en estas fiestas que permanecen casi dos siglos después.