La rebelión por la libertad que una vez estalló en Alicante

- Escrito el 26 marzo, 2018, 6:00 pm
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Corría el año 1844 cuando varios militares por su cuenta y riesgo tomaron Alicante, llegando a poner en jaque al mismísimo gobierno del país. Un hecho muy importante para la ciudad y sin embargo poco conocido hoy en día entre los alicantinos, sobre todo debido a que fue silenciado durante muchas décadas.

Gobierno tiránico

Para entender el origen de todo, hay que explicar que por aquel entonces España se encontraba inmersa en pleno proceso de transición desde las antiguas monarquías absolutas hacia un régimen más democrático.

Isabel II fue la primera reina que no acaparó todo el poder, sino que aceptó compartirlo con un gobierno electo (aunque solo algunos hombres nobles o adinerados podían votar).

Sin embargo, en 1843 se produjo un considerable retroceso cuando el moderado González Bravo llegó al poder. Las libertades a la prensa o la protesta fueron restringidas, a la vez que se acotó todavía más el censo de españoles con derecho a voto.

El coronel Boné
La sublevación estuvo dirigida por Pantaleón Boné, militar aragonés destinado a esta zona

Daba la casualidad de que en aquella época un coronel progresista aragonés llamado Pantaleón Boné se encontraba en la zona de Levante. Había sido destinado a estas costas principalmente para luchar contra el contrabando.

Harto de las políticas reaccionarias del gobierno, Boné decidió pasar a la acción. Cogió a su regimiento y se propuso tomar una ciudad para obligar al presidente González Bravo a negociar.

El coronel optó por montar la rebelión en Alicante, ya que aquí disponía de un castillo más estratégico y fácil de defender que en otras ciudades cercanas como Valencia, Elche, Murcia, etc.

Estalla la sublevación
Los rebeldes lograron tomar la ciudad y resistieron durante semanas hasta que sufrieron una traición

Las tropas rebeldes llegaron a Alicante el 27 de enero y apenas un par de horas después la ciudad ya era suya. Tan solo se encontraron con unos pocos soldados leales al gobierno de guardia, así que a Boné no le costó demasiado reducirles y hacerse con el control de toda la urbe.

Desde el Castillo de Santa Bárbara se dispararon los cañones para anunciar la rebelión. Cuentan las crónicas que también se tocaron tambores por toda la ciudad. Asegurada esta plaza, Boné envió un comando desde aquí hasta Elda para sumarla también a la sublevación.

El gobierno responde

González Bravo no tardó en reaccionar y, en cuanto supo lo que estaba sucediendo en la provincia de Alicante, ordenó al Capitán General de Valencia que acudiera con sus tropas para acabar con la insurrección.

Dicho capitán se llamaba Federico Roncali y arribó a la ciudad alicantina el 7 de febrero. En lugar de atacar directamente, prefirió sitiar la plaza e impedir que los víveres entrasen para así forzar la rendición de los sublevados.

Traición y caída

Sin embargo, Pantaleón Boné ya había previsto esta situación y no tenía ninguna intención de rendirse. Ni siquiera cuando le llegaron noticias de que Elda había caído, ni cuando el Capitán General de Murcia también llegó con sus tropas para colaborar con Roncali en el asedio.

Tuvo que ser una traición la que pusiera fin a la rebelión. A espaldas del coronel aragonés, uno de sus oficiales empezó a negociar con Roncali y le ofreció una ruta para tomar la ciudad y el Castillo fácilmente.

Aún con este traicionero ataque sorpresa, el coronel Boné resistió unos días. Pero era cuestión de tiempo, la rebelión ya estaba perdida y finalmente tuvo que claudicar.

Represalias

Los líderes de la sublevación fueron hechos prisioneros. Los insurrectos de Elda habían sido ya fusilados el 14 de febrero. Los de Alicante no corrieron mejor suerte, pues se les ejecutó el 8 de marzo en el Paseo del Malecón (incluyendo a Pantaleón Boné).

Tuvieron que pasar muchos años para que su lucha les fuese reconocida, pues no fue hasta 1907 cuando se les rindió un homenaje oficial en Alicante. En honor a todos ellos, se renombró el lugar donde fueron fusilados como ‘Paseo de los Mártires de la Libertad’.

Así mismo, el famoso escultor local Vicente Bañuls (el mismo que hizo la estatua de Canalejas) les realizó un monumento que fue colocado en la Puerta del Mar.

Silencio

Sin embargo, la memoria fue bastante fugaz pues en 1939 el monumento fue retirado así como el nombre del Paseo de los Mártires suprimido. Se conoce que esta historia de lucha por las libertades no les hizo demasiada gracia a las nuevas autoridades franquistas, así que dicho paseo fue renombrado desde entonces como ‘Explanada de España’.

Del monumento nunca más se supo. Dicen que fue despiezado y su mármol se utilizó para construir varios edificios distintos.

Premio Mártires de la Libertad
Como represalia, los 31 principales oficiales sublevados fueron ejecutados en la Explanada

Hubo que esperar hasta 2003 para que Alicante comenzara a rememorar a estos hombres, creándose desde entonces el Premio Anual Mártires de la Libertad.

Este año el agraciado fue el arqueólogo local Pablo Rosser, quien recibió dicho galardón el pasado 17 de febrero en el Panteón de Guijarro. Precisamente éste es el lugar donde fueron ejecutados los rebeldes de Elda.

En marzo de 2019 se cumplirán 175 años desde que aquellos 31 inconformistas perdieron la vida por querer construir una España mejor. Es de esperar que, por para entonces, esta ciudad al fin se les organice un homenaje institucional a su altura.