La excepcionalidad de las corridas de toros

Alicante es una ciudad avanzada y cosmopolita y una  parte de ella no entiende que se permita  la tortura de animales. Sin embargo, en contra de la sensibilidad de esa fracción de la población, se celebran corridas en la Plaza Municipal de Toros La cuestión taurina no se plantea contra la otra parte de la población a la que le gustan las corridas. Probablemente haya personas a las que  les  gustarían las peleas de perros y no por eso están permitidas. Los derechos civiles no se resienten por las consecuencias que se derivan de la ética jurídica, más bien al contrario. La cuestión taurina no tiene nada que ver con el aporte de  riqueza  que el espectáculo pudiera hacer a la ciudad. El exiguo número de ferias taurinas debe estar aportando una cantidad despreciable de divisas. Pero aunque las aportase en grandes cantidades, el nudo de la cuestión no sería econométrico. La cuestión taurina no es que la lidia del toro sea un rito en esencia masculino en el que un varón se atribuye la potestad de dar muerte innecesaria a un ser vivo. Aunque todos los matadores fuesen mujeres, el fondo de la cuestión seguiría siendo el mismo. La cuestión taurina tampoco es una cuestión de mayorías. Serían interesantes los resultados de un  referéndum al respecto. Pero la cuestión tampoco tendría nada que ver con el resultado del referéndum, como no fue una cuestión de mayorías o minorías la prohibición del consumo de tabaco en los espacios cerrados. Incluso si las corridas de toros no generasen el rechazo  de una parte de la gente, la razón para cuestionarlas seguiría siendo exactamente la misma: no es moralmente aceptable un espectáculo en el que se torture a un animal hasta la muerte por diversión. Una sociedad avanzada y cosmopolita debería ser capaz de aceptar que la actual excepcionalidad que protege a las corridas de toros en una amplia legislación de protección a los animales, desentona con su estándares morales. Post Views: 642 Relacionado

Artículo de opinión de Carlos Andreu Lluch | Área de Protección Animal de Podemos Alicante

- Escrito el 04 junio, 2017, 10:10 am
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Alicante es una ciudad avanzada y cosmopolita y una  parte de ella no entiende que se permita  la tortura de animales. Sin embargo, en contra de la sensibilidad de esa fracción de la población, se celebran corridas en la Plaza Municipal de Toros

La cuestión taurina no se plantea contra la otra parte de la población a la que le gustan las corridas. Probablemente haya personas a las que  les  gustarían las peleas de perros y no por eso están permitidas. Los derechos civiles no se resienten por las consecuencias que se derivan de la ética jurídica, más bien al contrario.

La cuestión taurina no tiene nada que ver con el aporte de  riqueza  que el espectáculo pudiera hacer a la ciudad. El exiguo número de ferias taurinas debe estar aportando una cantidad despreciable de divisas. Pero aunque las aportase en grandes cantidades, el nudo de la cuestión no sería econométrico.

La cuestión taurina no es que la lidia del toro sea un rito en esencia masculino en el que un varón se atribuye la potestad de dar muerte innecesaria a un ser vivo. Aunque todos los matadores fuesen mujeres, el fondo de la cuestión seguiría siendo el mismo.

La cuestión taurina tampoco es una cuestión de mayorías. Serían interesantes los resultados de un  referéndum al respecto. Pero la cuestión tampoco tendría nada que ver con el resultado del referéndum, como no fue una cuestión de mayorías o minorías la prohibición del consumo de tabaco en los espacios cerrados.

Incluso si las corridas de toros no generasen el rechazo  de una parte de la gente, la razón para cuestionarlas seguiría siendo exactamente la misma: no es moralmente aceptable un espectáculo en el que se torture a un animal hasta la muerte por diversión.

Una sociedad avanzada y cosmopolita debería ser capaz de aceptar que la actual excepcionalidad que protege a las corridas de toros en una amplia legislación de protección a los animales, desentona con su estándares morales.

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