Emilio Varela, 130 años después

- Escrito el 03 noviembre, 2017, 12:00 pm
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El 6 de noviembre de 1887 veía sus primeras luces el que muchos consideran como el gran artista que ha dado nunca nuestra ciudad. Con motivo de su 130 aniversario, el Museo Bellas Artes Gravina de Alicante (MUBAG) inaugurará a finales de noviembre la exposición ´El laberinto luminoso`, dedicada a Emilio Varela Isabel.

Por primera vez en años se ha conseguido juntar 89 obras del ilustre pintor. Gran parte pertenecen a la Diputación, pero también al Banco Sabadell, la Fundación CAM, el Ayuntamiento, las familias Sánchez-Mateo y Ros-Vila, la Fundación Frax e incluso el Museo Reina Sofía ha cedido cuadros para este singular homenaje.

Su sobrina-nieta, Encarnación Varela, ha formado parte de la organización. “Reivindicar la obra de Emilio es una obligación de nuestra ciudad. Yo siempre he querido que sea tan conocido fuera de Alicante como se merece”, nos comenta a Aquí en Alicante.

Primeros pasos

Su padre, Emilio Varela, fue un militar gallego que teniendo a Alicante como destino se enamoró de una de nuestras chicas, Manuela Isabel.

Por amor, Emilio colgó el uniforme para establecerse definitivamente aquí y abrir una bodega en la calle Barón de Finestrat. Nuestro protagonista fue su tercer hijo (la segunda murió siendo un bebé) de un total de siete.

El chaval salió algo tímido, pero pronto comenzó a mostrar inquietudes artísticas. Se aficionó en primer lugar al teatro y junto a otros adolescentes montaron una pequeña compañía llamada ‘Ventura de la Vega’.

Su primer maestro fue el pintor alcoyano Lorenzo Casanova. El que más le influyó fue el valenciano Joaquín Sorolla

De encargarse de pintar los decorados de aquellas improvisadas funciones, pasó a realizar sus primeros pinitos en la academia del célebre artista alcoyano Lorenzo Casanova. Otros ilustres alicantinos como Adelardo Parrilla, Lorenzo Pericás o Vicente Bañuls también fueron maestros del prometedor Emilio.

Sorolla y Madrid

Alicante se le empezó a quedar pequeña. Con solo 16 años se mudó a Madrid para seguir aprendiendo de la mano del legendario Joaquín Sorolla. Esta etapa fue crucial para el joven pintor alicantino, quien conoció las últimas tendencias que se llevaban en España y Europa.

Su sobrina-nieta, Encarnación Varela, nos cuenta las razones por las que tuvo que regresar a su ciudad natal. “Al principio la bodega familiar iba muy bien, pero luego el negocio entró en crisis. Su padre no tenía más dinero para seguir sufragando sus estudios. Solicitó una beca a la Diputación, pero se la denegaron”.

Por motivos económicos tuvo que interrumpir sus estudios en Madrid. La Diputación le denegó una beca

El regreso a su tierra fue un paso atrás para Emilio Varela. Acostumbrado a tratar con los grandes artistas nacionales, a menudo sentía que el círculo local alicantino no era capaz de comprender sus obras adelantadas a aquellos tiempos.

Afortunadamente la Alicante de aquella época tampoco era un desierto cultural. “Tuvo la gran suerte de coincidir con grandes ilustres alicantinos como el escritor Gabriel Miró, el músico Óscar Esplá o incluso el economista Germán Bernácer. Gracias a ellos descubrió Aitana”, relata Encarna.

Aitana

Si alguna zona marcó decisivamente la pintura de Varela, esa fue la Sierra de Aitana. Pasaba largas temporadas aquí acompañado de sus amigos Miró y Esplá. Todos ellos buscaban inspiración para sus respectivos artes.

La Sierra de Aitana fue su lugar predilecto. Pasaba largas estancias en Benimantell junto con sus amigos Gabriel Miró y Óscar Esplá

“Los viajes eran una quimera. Las comunicaciones de la época no eran las de ahora. Miró lo tenía más fácil porque solo necesitaba llevar papel y pluma. Pero a Emilio le costaba más transportar sus lienzos y pinturas. Ya ni te digo Óscar Esplá para subir su piano”, nos cuenta Encarna entre risas.

Los tres amigos alquilaban una casita en Benimantell para pasar varios meses. De allí salieron incontables novelas, canciones y cuadros. La sierra marcó decisivamente la carrera de los tres.

Estilo

La búsqueda de la luz y el colorido siempre fue un referente en la obra de Emilio Varela. Tanto en sus muchos paisajes campestres como incluso para inmortalizar zonas urbanas, retratos y objetos. No es casualidad el nombre de la exposición ‘El laberinto luminoso’.

Los paisajes de la provincia de Alicante son una parte muy importante de su obra. Destaca su luminosidad y juego de colores

“A mí me encantan las pinturas del Peñón de Ifach y del barrio de Santa Cruz. Hay obras donde la luz es el principal argumento del cuadro. Cuando pintaba objetos como puertas o ventanas, incidía más en los cambios de tonalidad” explica Encarna.

Aunque no llegó a casarse nunca, su sobrina-nieta nos cuenta que tuvo un gran amor de juventud que le inspiró decisivamente en su producción. “Se llamaba Lolita Marín y realmente creo que la quiso durante toda su vida”.

Época oscura

Con el tiempo Emilio Varela al fin logró parte del reconocimiento que merecía. Sus cuadros tuvieron gran éxito y pudo vivir de la pintura sin necesidad de tener que continuar trabajando en la bodega familiar.

Participó en múltiples exposiciones tanto individuales como colectivas. Era un habitual del Círculo de Bellas Artes, y sus cuadros apenas duraban unas horas en el escaparate de la célebre tienda de ‘La Decoradora’ hasta que eran comprados.

No obstante, la Guerra Civil lo cambió todo. Al estallar el conflicto bélico, el arte pasó rápidamente a ocupar un segundo plano en la sociedad alicantina. Por si fuera poco, Emilio perdió a gran parte de sus amigos. Otros fueron encarcelados o tuvieron que exiliarse (caso de Óscar Esplá).

Durante la dura Posguerra, la demanda de arte tampoco fue demasiado elevada. “A Emilio le causaba mucho sufrimiento ver sus cuadros en La Decoradora expuestos durante días, sin que nadie los compraran. Así comenzaron sus depresiones” comenta Encarna.

La Guerra y la Posguerra supusieron un parón para su carrera. Emilio Varela cayó en diversas depresiones de las que nunca salió

Su estado de ánimo influyó también en sus ganas para pintar. Además, la Escuela de Pintura de la Diputación, donde Emilio daba clases de dibujo, se quedó casi sin alumnos.

Fallecimiento

No tardó mucho en llegar su hora. “Nunca se ha sabido muy bien la causa de su muerte. Yo creo que sus depresiones le hicieron abandonarse poco a poco. Posiblemente cualquier pequeña enfermedad se lo llevó”, intuye su sobrina-nieta.

Emilio Varela tenía tan solo 63 años de edad. A pesar de sus épocas oscuras de parones pictóricos dejó un gran legado de incontables obras para la posteridad.

El laberinto luminoso

Cuando se cumplen 130 años de su nacimiento, la obra de Emilio Varela volverá a brillar con luz propia en la segunda planta del Museo Bellas Artes Gravina de Alicante (MUBAG). Aún no hay fecha oficial para la inauguración, pero todo apunta que será hacia la segunda quincena de noviembre.

La exposición ‘El Laberinto luminoso’ se inaugurará a finales de noviembre en el MUBAG. El Reina Sofía ha cedido diez obras

Las 89 obras expuestas del alicantino estarán acompañadas por otros ocho cuadros cedidos por el Museo Reina Sofía, firmados por algunos destacados pintores contemporáneos de Emilio Varela como Benjamín Palencia, Pancho Cossío, Vázquez Díaz, Julio González o José Gutiérrez de Solana.

En principio ‘El laberinto luminoso’ permanecerá unos meses en Alicante, para luego viajar hacia Valencia y Castellón. El proyecto será mucho más ambicioso que una simple exposición, pues todas la obras valerianas han sido cedidas para un periodo de cinco años.

Rutas valerianas

Los primeros actos se anunciarán a principios de noviembre. Está programado realizar una rueda de prensa conjunta entre la Diputación, el Ayuntamiento, la Universidad de Alicante (UA) y el MUBAG.

Jordi Navas, comisario de la exposición, adelantó a los medios que “la idea es salir del catálogo convencional. Queremos trabajar en un proyecto transmedia con nuevas narrativas dirigidas a nuevos públicos”.

En este contexto, se pretende fomentar una serie de ‘rutas valerianas’ por la provincia. Consiste en organizar  excursiones con escolares o público general para enseñar aquellos lugares que Varela retrató en sus pinturas.

Además, para finales de noviembre también estaría proyectado organizar una mesa redonda en la UA e incluso un concierto.

«Muchos especialistas sitúan a Varela entre los mejores artistas europeos del siglo. Alicante no ha sabido sacarle partido» Encarnación Varela
Falta de promoción

“Emilio no solo fue el mejor pintor alicantino del siglo XX. Muchos entendidos actualmente lo sitúan entre los más destacados de Europa. Su familia seguimos reivindicando que apenas se le ha promocionado fuera del ámbito local. Es una pena que en Alicante tengamos un artista tan excelente y no hayamos sabido sacarle el partido que se merece”, sentencia su sobrina-nieta Encarna.

Quizás su característica timidez jugó un papel negativo en la vida del pintor, de cara a venderse al público. No es el primer artista que le ocurre, ni será el último. Tampoco jugaron a su favor algunas circunstancias ajenas a su voluntad.

Hasta el 120 aniversario de su nacimiento no se colocó una placa en la casa que le vio llegar al mundo, en la calle Barón de Finestrat. A día de hoy, sigue sin tener un monumento en su propia ciudad. 130 años después.