Cien semanas de soledad

Muchas semanas después, frente al pelotón de las fuerzas vivas de la ciudad, exponiendo en un hotel su enésimo macroproyecto de eliminación del tráfico en Conde de Vallellano, el alcalde Gabriel Echávarri había de recordar aquella tarde remota en la que firmó el Pacto de Gobierno Tripartito de Alicante Desalojado el Partido Popular del poder autonómico y municipal en la Comunidad Valenciana, los pactos y repartos políticos otorgaban la alcaldía de la Cap i Casal a Compromís a cambio de entregar la de las otras dos capitales del Regne al Partido Socialista. También había de recordar que, desde el mismo momento que acabó el posado para la prensa con la vara de mando sostenida en triunvirato con Miguel Ángel Pavón y Natxo Bellido, decidió condenarse a la soledad, desmarcándose ostentosamente de sus socios por mero cálculo político. Las encuestas de opinión no son una ciencia exacta, pero las publicadas a punto de cumplirse cien semanas de gobierno municipal presentan una clara radiografía que nadie, ni la ciudadanía, ni los partidos políticos, ni la prensa, cuestiona: El trabajo realizado por el Consistorio no merece ni siquiera la catalogación de regular y más del 60% de las repuestas están en desacuerdo con que pueda calificarse al de Alicante como un “Ayuntamiento del Cambio”. La valoración de la primera mitad de legislatura se desliza de la decepción al desencanto entre los propios votantes de los partidos que forman la coalición. El alcalde ha actuado como si él en persona, ni siquiera su partido, tuviese mayoría absoluta, gobernando a golpe de ocurrencias que oculta a sus socios, buscando el protagonismo en el ninguneo de las formaciones que le auparon a la alcaldía y desentendiéndose, cuando no abiertamente oponiéndose, a las ideas o proyectos que no surgían de su grupo. Sabiendo que tiene blindada su candidatura a la alcaldía para las próximas elecciones, su estrategia se ha basado en tratar de demostrar que él puede gobernar en soledad y que el Tripartito es solo un mal necesario y pasajero. Esta actitud política es la que decepciona a la ciudadanía que mayoritariamente votó por el cambio político en Alicante. Es lamentable para la ciudad en su conjunto que la persona encargada de encabezar un, de salida, aceptable programa de gobierno, no haya mostrado el más mínimo interés en trabajar en equipo con sus socios liderando un proyecto compartido que alimentase la ilusión y las expectativas despertadas por los resultados electorales de 2015. Nadie se cree ya que puedan llevarse a término en esta legislatura puntos tan sensibles del programa de gobierno como el combate contra el paro, la ciudad libre de deshaucios, la reforma del Reglamento Orgánico del Pleno, la auditoría ciudadana de la deuda, rescate de las contratas, la munipalización de los servicios, la modernización del reglamento de participación ciudadana, o proyectos tan necesarios como  la finalización de la Vía Parque, la continuación del Tram de Luceros a la Florida o al aeropuerto, o liberar el frontal marítimo de la contaminación de la actividad portuaria. Y tal vez ni siquiera el comienzo del Parque Central. La búsqueda de rédito político en la presentación de macroproyectos irrealizables es un truco muy visto ya. A nadie se le oculta que son cortinas de humo para alejar la atención de las irregularidades en su Concejalía de Comercio, para disimular sus maniobras de devaluación de las comisiones de investigación, para que pase desapercibida su falta de apoyo al esquema de trabajo del Plan de Ciudad o para camuflar su actitud de ignorar el escandaloso mapa de la pobreza en la ciudad. Por otra parte, el regreso a la política de grandes eventos como la Volvo y al turismo como única industria viable, a la espera de que resucite la burbuja inmobiliaria, delatan falta de imaginación y agotamiento político. Los otros socios del tripartito tienen ante sí un escenario complicado. El uno, Compromís, porque, teniendo un techo electoral en la ciudad muy difícil de romper, su futuro depende más de la política de la Conselleria d’Educació, Investigació, Cultura i Esport que de su limitada actividad en el Ayuntamiento. El otro, Guanyar, porque es el que va a concentrar el mayor desgaste por la decepción que causa el devenir de lla política municipal y porque, cuan asno de Buridan, puede pasar el resto de la legislatura dudando entre si quedarse o salirse del gobierno municipal para, en cualquier caso, acabar pagando una factura política inmesa. Recientemente, Podemos Alicante pedía a las formaciones del Tripartito que sustituyan a Gabriel Echávarri por otra persona que sepa, pueda y quiera comprometerse con hechos a cumplir el acuerdo de gobierno, liderando el proyecto diseñado hace cien semanas con lealtad y apoyo a todo su equipo como la única posibilidad de reconducir la situación. Las dificultades que esta sustitución conllevaría son inmensas, pero en política todo es posible. El voto cedido por Podemos en las últimas elecciones municipales fue determinante para que el Tripartito se hiciese realidad. Hoy ese voto ya es consciente de que, con Echávarri, Alicante nunca será la ciudad del cambio que soñaba. También Guanyar, Compromís y hasta el Partido Socialista deberían darse cuenta, ahora que todavía hay tiempo, de que hace cien semanas no se instaló en el Ayuntamiento de Alicante un Gobierno del Cambio. Solo hubo un cambio de gobierno. Y también de que, en política, las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra. Relacionado

Artículo de opinión de Pascual Pérez Cuenca | Secretario General de Podemos Alacant

- Escrito el 12 junio, 2017, 6:45 pm
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Muchas semanas después, frente al pelotón de las fuerzas vivas de la ciudad, exponiendo en un hotel su enésimo macroproyecto de eliminación del tráfico en Conde de Vallellano, el alcalde Gabriel Echávarri había de recordar aquella tarde remota en la que firmó el Pacto de Gobierno Tripartito de Alicante

Desalojado el Partido Popular del poder autonómico y municipal en la Comunidad Valenciana, los pactos y repartos políticos otorgaban la alcaldía de la Cap i Casal a Compromís a cambio de entregar la de las otras dos capitales del Regne al Partido Socialista. También había de recordar que, desde el mismo momento que acabó el posado para la prensa con la vara de mando sostenida en triunvirato con Miguel Ángel Pavón y Natxo Bellido, decidió condenarse a la soledad, desmarcándose ostentosamente de sus socios por mero cálculo político.
Las encuestas de opinión no son una ciencia exacta, pero las publicadas a punto de cumplirse cien semanas de gobierno municipal presentan una clara radiografía que nadie, ni la ciudadanía, ni los partidos políticos, ni la prensa, cuestiona: El trabajo realizado por el Consistorio no merece ni siquiera la catalogación de regular y más del 60% de las repuestas están en desacuerdo con que pueda calificarse al de Alicante como un “Ayuntamiento del Cambio”. La valoración de la primera mitad de legislatura se desliza de la decepción al desencanto entre los propios votantes de los partidos que forman la coalición.
El alcalde ha actuado como si él en persona, ni siquiera su partido, tuviese mayoría absoluta, gobernando a golpe de ocurrencias que oculta a sus socios, buscando el protagonismo en el ninguneo de las formaciones que le auparon a la alcaldía y desentendiéndose, cuando no abiertamente oponiéndose, a las ideas o proyectos que no surgían de su grupo. Sabiendo que tiene blindada su candidatura a la alcaldía para las próximas elecciones, su estrategia se ha basado en tratar de demostrar que él puede gobernar en soledad y que el Tripartito es solo un mal necesario y pasajero.
Esta actitud política es la que decepciona a la ciudadanía que mayoritariamente votó por el cambio político en Alicante. Es lamentable para la ciudad en su conjunto que la persona encargada de encabezar un, de salida, aceptable programa de gobierno, no haya mostrado el más mínimo interés en trabajar en equipo con sus socios liderando un proyecto compartido que alimentase la ilusión y las expectativas despertadas por los resultados electorales de 2015.
Nadie se cree ya que puedan llevarse a término en esta legislatura puntos tan sensibles del programa de gobierno como el combate contra el paro, la ciudad libre de deshaucios, la reforma del Reglamento Orgánico del Pleno, la auditoría ciudadana de la deuda, rescate de las contratas, la munipalización de los servicios, la modernización del reglamento de participación ciudadana, o proyectos tan necesarios como  la finalización de la Vía Parque, la continuación del Tram de Luceros a la Florida o al aeropuerto, o liberar el frontal marítimo de la contaminación de la actividad portuaria. Y tal vez ni siquiera el comienzo del Parque Central.
La búsqueda de rédito político en la presentación de macroproyectos irrealizables es un truco muy visto ya. A nadie se le oculta que son cortinas de humo para alejar la atención de las irregularidades en su Concejalía de Comercio, para disimular sus maniobras de devaluación de las comisiones de investigación, para que pase desapercibida su falta de apoyo al esquema de trabajo del Plan de Ciudad o para camuflar su actitud de ignorar el escandaloso mapa de la pobreza en la ciudad. Por otra parte, el regreso a la política de grandes eventos como la Volvo y al turismo como única industria viable, a la espera de que resucite la burbuja inmobiliaria, delatan falta de imaginación y agotamiento político.
Los otros socios del tripartito tienen ante sí un escenario complicado. El uno, Compromís, porque, teniendo un techo electoral en la ciudad muy difícil de romper, su futuro depende más de la política de la Conselleria d’Educació, Investigació, Cultura i Esport que de su limitada actividad en el Ayuntamiento. El otro, Guanyar, porque es el que va a concentrar el mayor desgaste por la decepción que causa el devenir de lla política municipal y porque, cuan asno de Buridan, puede pasar el resto de la legislatura dudando entre si quedarse o salirse del gobierno municipal para, en cualquier caso, acabar pagando una factura política inmesa.
Recientemente, Podemos Alicante pedía a las formaciones del Tripartito que sustituyan a Gabriel Echávarri por otra persona que sepa, pueda y quiera comprometerse con hechos a cumplir el acuerdo de gobierno, liderando el proyecto diseñado hace cien semanas con lealtad y apoyo a todo su equipo como la única posibilidad de reconducir la situación. Las dificultades que esta sustitución conllevaría son inmensas, pero en política todo es posible.
El voto cedido por Podemos en las últimas elecciones municipales fue determinante para que el Tripartito se hiciese realidad. Hoy ese voto ya es consciente de que, con Echávarri, Alicante nunca será la ciudad del cambio que soñaba. También Guanyar, Compromís y hasta el Partido Socialista deberían darse cuenta, ahora que todavía hay tiempo, de que hace cien semanas no se instaló en el Ayuntamiento de Alicante un Gobierno del Cambio. Solo hubo un cambio de gobierno.
Y también de que, en política, las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra.

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