El 8 de Marzo son todos los días

- Escrito el 07 marzo, 2018, 11:28 am
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Antecedentes

Las mujeres se han organizado muchas veces para cambiar el mundo. la obra teatral Lisístrata (s. V aC) refleja la ilusión del triunfo de las mujeres mediante una huelga sexual para que los hombres pararan la guerra. La Inquisición en la Edad Media quemó en la hoguera a sanadoras por brujas, bajo la sospecha de que estaban detrás de las revueltas sociales ante las miserables condiciones de vida que sufrían junto a sus hijas e hijos. Olympe de Gouges en la Revolución Francesa redactó la Declaración de los Derechos de las Mujeres. Un siglo después las mujeres lucharon por el sufragio y consiguieron el voto de las mujeres. En la II República se alcanzaron derechos para las mujeres que aún hoy nos cuesta imaginar, porque la represión franquista los diluyó a la misma velocidad que un azucarillo en una taza de leche caliente. Franco, Falange y el nacional-catolicismo recluyeron a las mujeres en el hogar (a este mundo habíamos venido a sufrir). La mujer sería la dueña del hogar mientras el hombre se ocuparía del mundo. Las mujeres podían elegir entre ser madres, monjas, o quedarse para vestir santos. Tenían que pedir permiso a su esposo para usar “su propio dinero”, sacarse el carnet de conducir o el pasaporte. La ley del divorcio, la despenalización del adulterio y un sinfín de logros no se habrían conseguido de no haber sido por la fuerza del movimiento feminista ya en la democracia.

“La división sexual del trabajo nos mantiene en situación de inferioridad”

Unas mujeres fueron quemadas en una fábrica textil de Nueva York cuando pedían mejoras salariales en 1908, desprendiendo una fumareda de color violeta, que ha quedado como insignia del movimiento feminista. A petición de Clara Zetkin, se celebró por primera vez el Día de la Mujer Trabajadora el 8 de marzo de 1911 y se institucionalizó como Día Internacional de la Mujer por la ONU en 1975. Conmemora la lucha de las mujeres por su emancipación y participación, en pie de igualdad con el hombre y en su desarrollo íntegro como persona.

Las mujeres llevamos siglos planteando que la revolución será feminista o no será,  porque la división sexual del trabajo nos mantiene en situación de inferioridad (Segundo Sexo, Simone de Beauvoir) que se mantiene por la complicidad del machismo. Los hombres se han otorgado a sí mismos privilegios solo por ser hombres. Las mujeres queremos la mitad del cielo, la mitad de la tierra y la mitad del poder.

Hechos
“Las mujeres españolas son las más cualificadas de la historia”

La denuncia de agresiones sexuales en manada, la marcha de mujeres contra Trump, el misógino presidente de los EEUU, el movimiento #MeToo para denunciar el acoso y los abusos sexuales a mujeres y otras iniciativas feministas han puesto de manifiesto que las mujeres no vamos a seguir calladas, porque callar protege al machismo y a los agresores.

Los datos son incuestionables: Las mujeres representamos el 51% de la población y queremos equidad de género con los hombres y sin embargo somos precarias, somos invisibles, somos asesinadas.

El número de mujeres en paro es mayor que de hombres (un 18,4% frente a un 15%), el trabajo es más precario (3 de cada cuatro contratos a tiempo parcial), lo que implica salarios y cotizaciones más bajos y menos derechos, menor paga de pensiones, dedican más tiempo a cuidar a menores y mayores, y una media de 27 horas al hogar frente a las 14 de los varones, porque no está remunerado y no goza de reconocimiento social. La brecha salarial  discrimina a mujeres de todos los niveles formativos, edades y ocupaciones, con 6000 euros de diferencia respecto a los hombres. La brecha de las pensiones es vergonzosa: solo el 36,1% de las personas jubiladas con derecho a prestación son mujeres que cobran 768 euros al mes frente a los 1.220 euros de los hombres. Romper el techo de cristal no sirve de nada cuando el tejado es de acero. Las mujeres españolas son las más cualificadas de la historia, constituyen más de la mitad de las personas tituladas y apenas tienen presencia en los altos cargos de la administración, en las empresas del Ibex 35, o en la dirección de cátedras, universidades, etc. La representación política de las mujeres aún no llega al 50% en muchos parlamentos. El Gobierno central, de hecho, está lejos de la paridad: solo 5 abejas reinas de los 14 miembros que componen el ejecutivo. En el Congreso, las mujeres rozan el 40% de los escaños. Pero lo más grave es la violencia que sufrimos solo por ser mujeres. Desde 2003 un millar de mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas, más que ETA, pero a fin de cuentas solo son eso, mujeres. Según Eurostat somos víctimas de unas 10.000 agresiones sexuales cada año. Cada cuatro horas se produce una violación aunque solo se denuncia una de cada 5. El machismo mata y el Pacto de Estado (y los 200 millones de euros prometidos en Navidad) sigue sin aplicarse porque no son futbolistas, banqueros, o políticos, es decir, hombres.

Denunciamos también la cosificación de las mujeres en la publicidad, la presión para estar glamorosas las 24 horas del día, el sexismo que oprime a las mujeres y limita a los hombres, el uso del cuerpo de las mujeres: la prostitución (3 millones de puteros contribuyen a que la industria del sexo sea el segundo negocio del mundo, junto con la venta de armas y el narcotráfico), los vientres de alquiler o la mutilación genital femenina que siguen limitando el crecimiento en libertad al que tienen derecho.

Nos sobran los motivos para la huelga del 8 de marzo
“Queremos dejar de ser discriminadas, precarias, invisibles y asesinadas”

Aunque aparentemente hemos avanzado, vivimos en un espejismo. Con la excusa de la crisis se han producido escandalosos recortes que han afectado a todo el conjunto de la población, pero más aún a las mujeres por trabajar en sectores más feminizados (sanidad, educación, dependencia…), y porque el trabajo extra y gratuito de las mujeres ha servido para paliar la pobreza y el hambre (madres y abuelas realizan gratis los cuidados y conforman el estado del bienestar de las familias más precarias). Aumenta el número de personas que trabajan y no tienen para comer.

La igualdad jurídica que han proporcionado leyes como la Constitución de 1978, la ley de violencia contra las mujeres (2004) y la ley de igualdad (2007) les hizo a muchas personas plantearse: ¿ya sois iguales, qué más queréis? Queremos igualdad real y a este paso tardaremos cien años en conseguirla, según han señalado varios organismos internacionales. Queremos dejar de ser discriminadas, precarias, invisibles y asesinadas. Queremos educación en igualdad en la escuela, dar el protagonismo que merecen los hechos históricos y actuales protagonizados por mujeres, igualdad de oportunidades, lenguaje inclusivo, fomentar una economía igualitaria que no desaproveche el talento femenino, combatir el sexismo, el machismo y los micromachismos, aplicar la perspectiva de género en presupuestos, administración pública y empresas; apoyos reales a las familias que desean descendencia, con permisos de paternidad y maternidad iguales, obligatorios y no transferibles, sanciones justas a las empresas y sujetos que discriminan a las mujeres, pacto de estado, recursos y especialización para acabar con los feminicidios, apoyando a las víctimas y sus huérfanos-as y que nunca las olvidemos, como en Buenos Aires donde las recuerdan con bancos rojos con el texto En memoria de todas las mujeres asesinadas por quienes decían amarlas .

Este 8 de marzo es un homenaje a las mujeres refugiadas sirias, a las porteadoras de Ceuta y Melilla, las que se juegan la vida huyendo del África subsahariana, a los millones de mujeres que han sufrido la mutilación genital femenina, las niñas nigerianas que fueron secuestradas de un colegio por un grupo terrorista (#BringBackOurGirls), los matrimonios forzados de niñas con menos de 14 años, a las mujeres coraje como Susana Guerrero, María Salmerón o Juana Rivas, a las víctimas de agresiones sexuales (#YoTeCreo) que sufren, además, la violencia de una justicia patriarcal que da más credibilidad a los hombres que a las mujeres, a las empleadas de hogar (huelga de delantales), a las Kelly, mujeres periodistas, artistas, enfermeras, docentes, amas de casa, deportistas y medallistas, científicas, inventoras, las que sufren el retraso de la maternidad por su desarrollo profesional y deben someterse a técnicas de reproducción asistida, las mujeres que viven su sexualidad como les da la gana, y en general a todas aquellas que no han podido ser en la vida lo que deseaban por haber nacido mujer.

“El 1 de Febrero de 2014 las mujeres españolas subimos al tren de la libertad”

La huelga es un acto para plantar semillas de conciencia feminista en toda la población, como hicieron las mujeres islandesas en el año 1975, y que las ha situado ya con los mejores indicadores mundiales de igualdad y bienestar. El 1 de Febrero de 2014 las mujeres españolas subimos al tren de la libertad para reivindicar nuestros derechos sexuales y reproductivos porque un ministro del PP intentó que una mujer solo pudiera interrumpir su embarazo con autorización de un juez, un médico o un cura, a la que siguió el 7N para pedir un Pacto de Estado contra la violencia machista. Las mujeres iraníes que gozaron de cierta libertad hace décadas han vuelto a sufrir la asfixia del patriarcado que las ha recluido en su hogar y para salir de casa deben ir  acompañadas de padre, esposo, hermano o hijo.

El movimiento feminista goza de buena salud. Hay relevo entre las jóvenes y adolescentes que no tienen miedo a declararse feministas y han entendido que los derechos de las mujeres son como pedalear en bicicleta, que si no pedaleas te caes. El éxito de esta lucha, las acciones de Femen, las mujeres de la Plaza de Mayo, la huelga de mujeres de asociaciones de víctimas de violencia machista, como VeLaLuz en la Puerta del Sol y un sinfín de acciones en redes, colegios, institutos, universidades, empresas, gracias al entusiasmo que ponen en su lucha.

Hay relevo. Las acciones del movimiento feminista ya se han colado en la agenda política y social, aunque aún queda mucho por conseguir. En los medios de comunicación algunos diarios tienen secciones fijas sobre violencia machista y otros ingresan por publicidad de anuncios de contactos (y reciben subvenciones de entidades públicas).

El feminismo no es una guerra entre sexos

El feminismo no es una guerra entre sexos, aunque eso lo diga el patriarcado. El feminismo es un movimiento emancipador, una revolución silenciosa y pacífica, para conseguir lo que es de justicia. Al patriarcado no les gustan las propuestas feministas porque sienten que su mundo de confort se tambalea, por eso decía M. Rajoy No nos metamos en eso. Pero hay que ser optimistas, muchos hombres lo han entendido y comienzan a asumir sin complejos (y disfrutando) el cuidado de sus menores y entienden que ya no pueden esperar la sopa en la mesa solo por haber nacido varón. Y que vivan con nosotras, los nuevos hombres del mundo, los hombres igualitarios y respetuosos, para sembrar/andar juntos con todas las mujeres. 

La huelga se ha planteado en cuatro áreas: laboral, aulas, cuidado y consumo, para que se derogue la tasa rosa que grava con el IVA más alto los productos de higiene femenina. sin nosotras se para el mundo. Es una cuestión derechos, igualdad y justicia. Y lo sabéis.

Modes Salazar-Agulló es matrona, doctora por la Universidad de Alicante, portavoz socialista de Mujer e igualdad en Les Corts Valencianes (2011-2015) y Vicepresidenta de l,Escola de Pensament Feminista Amelia Valcárcel. Estudios de Género en Cátedra Unesco